La combinación entre el desarrollo tecnológico y el progreso en el conocimiento de la anatomía, ha permitido que los cirujanos demos un paso más en la aplicación del principio formulado por Hipocrates  “Primun non nocere” (lo primero es no hacer daño), mediante el desarrollo de la cirugía mínimamente invasiva. Estas técnicas han revolucionado la práctica quirúrgica en los finales del siglo XX y principios del XXI. Sirva como ejemplo el auge adquirido por la laparoscopia o la artroscopia, que prácticamente han desterrado a las técnicas abiertas tradicionales, cuyos abordajes en algunas ocasiones, afortunadamente pocas, hacían realidad aquello de que el remedio es peor que la enfermedad.

La otorrinolaringología,, especialidad endocavitaria por excelencia, no podía ser ajena a este desarrollo.  Dentro de nuestra especialidad, en las dos últimas décadas este progreso ha sido más evidente dentro del campo de la cirugía nasal. En este caso el cambio desde las técnicas abiertas tradicionales a las endoscópicas no solo ha llevado aparejada una notable disminución de morbilidad, hasta hacerla prácticamente desparecer, sino que ha mejorado radicalmente los resultados.

La endoscopia nasal nos ha brindado la posibilidad de incrementar nuestros conocimientos sobre fisiología nasal,  ha mejorado extremadamente nuestra capacidad diagnóstica y nos ha permitido desarrollar técnicas que, a diferencia de las tradicionales, actúan sobre la causa de la enfermedad en vez de intentar eliminar  sus consecuencias. Podemos así realizar un tratamiento mucho más eficaz de la sinusitis, al incidir sobre su origen con maniobras selectivas que operan solo sobre el tejido responsable, respetando todos los demás y evitando incisiones externas. Estos se traduce tanto en mejores resultados como en un postoperatorio mucho más confortable.

Los conocimientos anatómicos y técnicos adquiridos en el tratamiento de la sinusitis rápidamente se extrapolaron al tratamiento de otras enfermedades de las fosas nasales, como las poliposis o las hipertrofias de cornetes. Ahora también podemos acceder a las arterias que irrigan la nariz, evitando molestos taponamientos repetidos en el caso de las hemorragias nasales (epístaxis) severas o recurrentes.

El siguiente paso fue el de superar las fronteras tradicionales de la cirugia nasal y. rebasando los límites anatómicos de las fosas nasales, acceder a las estructuras vecinas para tratar enfermedades allí localizadas. Es el caso de la patología orbitaria, en la que a través de esta vía podemos resolver enfermedades de las vías lagrimales, efectuar descompresiones orbitarias en pacientes con exoftalmos o  abscesos e incluso extirpar tumores orbitarios de determinadas localizaciones.

Donde quizá alcanza su máxima expresión la aplicación del viejo aforismo hipocrático es en el acceso a áreas que antes requerían auténticos desguaces faciales para ser abordadas, como el cavum nasofaríngeo y la fosa infratemporal. La extirpación de angiofibromas, tumores vasculares que afectan a varones adolescentes, es un ejemplo.

Como consecuencia inevitable de este desarrollo, hemos llegado a acceder la cavidad craneal a través de la nariz. Primero fue el tratamiento de las fístulas de liquido cefalorraquideo (craneolicuorreas) con minima morbilidad y excelentes resultados, evitando craneotomías, pérdidas permanentes del olfato y manipulaciones del lóbulo frontal del cerebro, nunca gratuitas. Después vino la cirugía de la hipófisis, en nuestro caso realizada siempre en colaboración con un neurocirujano altamente cualificado en cirugía endoscópica, obteniendo igualmente mejores resultados con mínima morbilidad. En la actualidad, es posible tratar diferentes patologías del cerebro y de la base del cráneo mediante técnicas endoscópicas transnasales, siempre realizadas por un equipo multidisciplinar formado por otorrinolaringólogo y neurocirujano.

El tratamiento de tumores malignos de las fosas nasales es otra de las posibilidades que ofrece la cirugía endoscópica de base de cráneo. En la actualidad, cada vez es más evidente la equivalencia de resultados oncológicos  entre cirugía abierta y endoscópica, con un balance claramente favorable a esta última en términos de morbilidad quirúrgica. En el caso de los tumores de fosa nasal, hay que tener en cuenta que el cirujano sigue el camino que ha recorrido previamente el tumor desde su origen, por lo que se disminuyen al máximo las lesiones originadas por el abordaje. Además, la moderna tecnología, que pone a nuestra disposición cámaras HD, navegadores, fuentes de luz de elevado rendimiento y ópticas anguladas, permite que algunos pensemos que somos más exhaustivos en la resección del tumor ahora que trabajamos vía endoscópica que cuando usábamos las técnicas abiertas tradicionales.